Sois algo más que que cuatro paredes. Me acogisteis en una
primavera agridulce. Me visteis llorar en verano, sonreír en otoño, feliz en
invierno. Pero siempre enamorado.
A vuestro calor he amado con
locura, mi corazón ha concebido proyectos hermosos, he cocinado, he reído y en
las noches de terraza a la luz de la luna me he sentido el hombre más dichoso del
universo.
Cuando he querido refugio lo he
tenido y cuando mi alma pedía únicamente abandonarse bajo las estrellas, se lo
habéis permitido.
Cuando llegaban noticias poco
alentadoras, habéis sido testigo de mis lágrimas delante de mis hijos y también
habéis sabido que las retenía cuando quien lloraba no era yo.
Cada día ha sido especial: cuando
he estado solo, cuando han estado ellos, cuando hemos estado todos, y sobre
todo, los días tan anhelados en los que estábamos solos ella y yo.
Habéis presenciado los años más
hermosos de mi vida, y en cierto modo, me habéis invitado a abandonaros, para
poder seguir siendo en otro sitio tan
feliz como lo he sido aquí.
Mañana me iré. Es un momento
soñado y enormemente deseado. Pero nunca imaginé que llegado este momento me
invadiera esta sensación de nostalgia y de agradecimiento a la vida, a mis
padres, a mi abuelo, y sobre todo a ti, amor mío por haber compartido conmigo este lugar, que tú has hecho tan especial.