En el desierto, las dunas serían sus pechos.
En el Amazonas, el río sería su boca.
En Japón, sus ojos estarían en todos los rostros.
En el trópico la humedad sería su sexo.
En Italia, ella sería la música.
En la cima de la montaña, respiraría su serenidad.
En la Luna, todo sería ella.
En el océano, las olas serían los rítmicos movimientos de sus caderas.
El olvido es imposible cuando la presencia se lleva en el corazón.
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