Fuiste como la mantequilla dulce, endulzando cada mañana los desayunos.
Mantequilla dulce cuando llegaste, de forma tan mágica, que la ilusión de una niña era tu forma de decir que eras tú, que ibas a ser suave, amable, tierno.
Mantequilla dulce que se derretía entre nuestros dedos, ofreciéndonos el sabor de lo pequeño.
Viajaste en nuestro coche, comiste en nuestra mesa, dormiste en nuestras manos.
Y al final, te has ido como la mantequilla dulce, fundiéndote una última vez en sus manos.
Permanecerás pegado en nuestros corazones, como la mantequilla dulce lo hace al calor de tu recuerdo.