jueves, 11 de septiembre de 2014

Pequeños retales de verano...

A veces, las prendas no llegan nunca a confeccionarse completas. Pero siempre quedan retales que hace duelo tirarlos:


Hace mucho tiempo que me fundí en su alma, hasta tal punto que no distingo donde acaba mi corazón y comienza el suyo. Cada día, sus ojos me señalan un rumbo que solo es legible en el mapa de su piel, en la estela que dejan sus besos. 
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Me acuesto bajo el cielo abierto y contemplo las estrellas. Cada noche me parecen distintas. Poco a poco, las constelaciones se deshacen para crear otras nuevas, que me hablan de su ternura, que sugieren movimientos cargados de una osada sensualidad que me ruboriza. El frío me despierta y vuelvo a ver el cielo abierto... sin apenas estrellas, sin luna. La echo de menos y comprendo que el firmamento solo es bello cuando ella ocupa su lugar en él...

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Deseos domiciliarios:

Que las paredes acojan hogar, las habitaciones sean nido para las crías,  y el salón cobijo para todos, los días de invierno.
Que el rincón del sofá sea el bálsamo de tus días y la cama el reposo de tus noches.
Que el calor del fuego de la cocina provenga de los corazones.
Que las velas nos recuerden lo que jamás ha de olvidarse.
Que cada rincón sea testigo del amor desde el que se ha construido este hogar.