sábado, 3 de mayo de 2014

Mudanza sentimental

Llegó hace tres años a aquel nido de una forma un tanto interina. Pocas cosas, pocos muebles, pero mucha ilusión a pesar de saber que ese nido era de paso.  Poco a poco, el nido fue cobrando vida y en él vivió grandes momentos: momentos apacibles en soledad, otros de lágrimas amargas, tardes de pasión, cenas con velas de canela, noches de amor bajo las estrellas, noches de alta fiebre y toallas mojadas, horas de malestar, lecturas de documentos desagradables pero también agradables tardes de lectura, barbacoas, fondues, ensaladas, ocasiones de abrir botellas de vino, días de bricolaje y cubos de pintura, mañanas de sol y sombrilla, cumpleaños veraniegos en familia, largas horas de conversaciones, de caricias, de besos, el momento en el que sus hijos le vieron llorar como nunca, pero también el momento en el que les anunció la mejor noticia de su vida...
Poco a poco, aquel pequeño nido se convirtió en el escenario de toda su vida, y aprendió a rehacerlo en sus pequeñas y breves salidas a otros lugares del mundo. Y es que el nido lo llevaba en el corazón. Rápidamente entendió que el nido no era el nido por las paredes, ni por los objetos torpemente dispuestos debido al escaso espacio. El alma del nido era la persona que él amaba con locura y que le daba sentido a su vida. Sin esa persona el nido hubiera sido un espacio lúgubre, inhóspito, gélido. 

Esta noche mira su nido con cierta nostalgia, porque pronto lo abandonará. Mira los objetos y todos están impregnados de ella. Una lágrima recorre su mejilla, y luego otra y así hasta que ya no puede mirar nada más. Siente profundamente su nido dentro de su corazón y desea que la mudanza sentimental sea todo lo exquisita, todo lo mimada que el nuevo nido merece, porque esta vez, se trata del nido soñado, del nido de su vida, de su definitivo nido de amor...