Me levanté del banco sin contestar a aquella pregunta. Algunos días después volví, y allí estaba aquel hombre. Llevaba la misma ropa y no estaba la niña que lo acompañaba días atrás. Me sonrió y no pude más que preguntarle.
- ¿Cómo sabes usted que estoy enamorado?
- Pero si no hay más que verte. Mira, solo alguien que tiene la fortuna de vivir el auténtico amor puede reconocerlo en el rostro de los demás. Existen signos que solo son visibles desde los ojos del corazón.
Cuando escuché esas palabras, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Por un momento, aquel hombre me pareció el reflejo de un espejo delante de mi persona, un espejo que me enviaba la imagen de un hombre de unos treinta años mayor que yo.
- Entonces, ¿eso significa que usted también está enamorado? le pregunté.
No contestó. Tras un breve silencio continuó la conversación.
- Tiene mucha suerte tu amada.
- Eso me dice ella, le contesté. Sin embargo, no le digo lo suficientemente que la gran suerte es la mía, por poder amar como la amo, por sentirla a mi lado noche y día, por sentir mi corazón lleno de ella, por sentir cómo mi piel desea la suya, por poder entregarme sin medida, por haberme acercado a los valores de los que me alejé y sobre todo..
- ... por permitirte que tu razón de ser en la vida sea hacerla feliz...
- ¿Cómo es posible que usted sepa exactamente lo que iba a decir?