La necesito acurrucada en mi pecho, mientras me cuenta cosas bonitas. Necesito que una rana proteja sus sueños en mi ausencia para que me los cuente después en mis brazos, mientras pasea sus dedos por mi barba.
La amo porque siempre hace que las cosas sean bonitas. Porque una gorra para el invierno pasa a ser el orgullo de una cabeza desnuda, porque una tarde de piscina, a su lado, se convierte en una estancia en el paraíso.
Tiene la varita de la belleza. De todas las bellezas. Desde el principio ha sido mi hada. Un hada que convierte los restos de una comida en manjares dignos de reyes, un hada cuyas palabras son capaces de devolver la ilusión y la alegría al corazón más maltrecho.
La necesito muy cerca, para que las cosas bonitas sean más bonitas cada día, para que su belleza impregne el aire que respiro, para que su voz me llegue nítida al corazón, para que sus dedos no lleguen nunca a enfriarse demasiado, para que su piel y mis manos sientan un único latido...