Has puesto uno por uno los cimientos del castillo de nuestro amor.
Poco a poco hemos subido sus gruesos muros, a veces con algunas dificultades, pero siempre atentos para no cometer errores.
Hemos dejado hueco para las ventanas por donde dejar entrar la luz de luna que todo lo invade.
También has montado los peldaños, que conducen a la terraza donde amarnos las noches de verano, mientras yo me detenía en la base de las torres.
Nuestra fortaleza ha tomando forma cuando he colocado las almenas desde las que divisar el mundo exterior. Y cuando ha llegado el momento de edificar la torre central, la que cobija nuestros corazones, me has mirado a los ojos, has sonreído y me has besado.
Quedaba lo más difícil, las inmensas torres del frontal que presiden su silueta, pero no han supuesto ningún obstáculo para tu empeño. Al final, se han alzado, bellas y firmes, y entre ambas, has instalado el estandarte que representa el orgullo de nuestro castillo, de nuestro amor.
No han faltado las antorchas, que a modo de enormes velas enamoradas, iluminan el camino sereno que conduce a nuestros corazones.
Por fin, hemos poblado nuestro castillo: una bruja que nos prepare filtros mágicos de amor, un soldado que nos proteja del peligro, un árbol bajo el que poder besarnos y dos fantasmas que nos recuerden que lo esencial, como dijo el Principito, es invisible a los ojos...