Que el único frío que sientas no vaya más allá de la punta de tus dedos
Que el hielo que me haga acurrucar no venga nunca de tu corazón.
Que la humedad que nos invada sea sólo la de nuestros besos.
Que las nubes que nos cubran sean blancas y esponjosas.
Que los relámpagos no abandonen nunca nuestros vientres.
Que los vientos soplen siempre en la vela del corazón.
Que las previsiones sean siempre favorables,
y que cuando no lo sean,
podamos guarecernos bajo la cálida manta de nuestro amor.