Tu mano tras mi espalda, busca el interruptor de la lamparita, para apagarla.
Los ojos se cierran, la bocas se entreabren, se buscan, se funden.
Los corazones laten cada vez con más fuerza.
Las manos buscan los cuerpos. Los cuerpos esperan las manos.
Las pieles se encuentran, se erizan.
Las bocas dejan su memoria en el cuerpo del otro.
El calor aumenta, la humedad también.
Tus pezones me invitan a un viaje sin retorno.
Nos movemos.Te estremeces...
Nos besamos.
Nos amamos hasta perder la consciencia.
Ahora, estás de costado. Los dedos de tu mano izquierda cuelgan sobre tu hombro derecho y con tus riñones, dibujas rítmicamente espirales que van y vienen. Mientras, mi cuerpo se obstina en encontrar el centro de esas espirales. En ese momento, tu espalda es una playa desierta a la espera de una gran ola...
Tus pies buscan los míos
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