jueves, 24 de marzo de 2011

Pequeña fábula de las maravillas

Era un sábado, poco antes de anochecer. En el ambiente se notaba que quedaba muy poco para la entrada de la primavera. El conejo blanco se había retrasado un poco en su camino, porque ya no iba a llegar a la madriguera con toda la claridad de la luz del día. Cuando llegó a la parte más estrecha del sendero, se topó con el oso Panda, que venía desde aquella dirección. Este le dijo:

- ¿Qué llevas en la mano?
- Ya lo ves, hermano oso,  un reloj...
- Pues de bien poco te sirve, si vas corriendo a todos los sitios y ahora ya llegas tarde a tu madriguera, le contestó el oso Panda.
- Bueno, sería peor si no lo tuviera... pensó en voz alta el conejo.
- Déjate de excusas, y dame ese reloj ahora mismo si quieres continuar tu camino.

El conejo blanco, asustado, se lo cedió y continuó cabizbajo hacia su madriguera,  sin correr pero con una gran pena en su corazón. Y dicen que desde aquel día,  se suele ver en aquellos parajes a un oso Panda con un reloj colgado del cuello, amasando minutos y horas, robando tiempo al tiempo y relojes a todos los conejos blancos.

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