Desde el primer momento supe que estábamos hechos el uno para el otro. Que tú eras la mujer a la que podría amar toda la vida, con la que podría compartir todos mis momentos y que ya no serían míos, sino nuestros. Que eras la mujer dueña de mis sueños, de mis deseos. Que tú eras la mujer que ocuparía todos mis pensamientos, que desbordaría mi corazón, que erizaría mi piel. Desde el primer momento sentí que la vida empezaba.
También desde el primer momento supe que yo sería el hombre que te amaría sin límites, sin condiciones. Supe que mi ilusión sería tu felicidad, que tus deseos serían los míos, que mis ojos nunca dejarían de mirarte.
Ha pasado el tiempo y en nada me he equivocado desde aquel primer momento. Sin embargo, tantas cosas no sabía todavía... No sabía que estrecharía tu cuerpo a ritmo de kizomba, que las puestas de sol sin ti son tan solo un fenómeno reiterativo, que el agua del mar a tu lado no solo es agua de mar, que un gato dormido, si lo hace a tu lado, es un milagro. No sabía que el dolor es mucho menos dolor al calor de tu amor, que cualquier salida puede convertirse en una luna de miel, que tu piel es el paraíso en la tierra. No sabía que vivir contigo iba a ser el mayor regalo del cielo.