Nos has cautivado desde que hace un mes decidiste acercarte a la mano de ella y pedirle que te subiera. Hiciste la mejor elección de tu corta vida, y ella tampoco se equivocó. Nilo, eres un canto a la vida. Eres la encarnación de lo sencillo y al mismo tiempo de lo más sofisticado. Desde tu fragilidad, lo vives todo tan intensamente que tu belleza se multiplica hasta el infinito. A todo lo que haces le imprimes tu sello de pasión, de entusiasmo, de vitalidad, de fuerza. Cuando maullas, lo haces como si fuese la última vez. Cuando comes, devoras. Tus ronroneos son como suaves truenos. Tus juegos son auténticas cacerías selváticas. Tus siestas al sol son vacaciones caribeñas. Tu pelaje naranja es como el destello de una aurora boreal. Tus momentos dulces con tu inseparable Osiris son como lunas de miel. Y cuando buscas nuestro cariño, logras sacar de nuestros corazones lo que casi nadie consigue. Y es que es precioso descubrir que toda la sabiduría del universo, todas las grandes lecciones sobre la felicidad y toda la ternura caben en tu cuerpecito...
