Muchas noches he querido escribir para ella,
y el sueño me ha atrapado buscando un adjetivo.
También busqué la rima detrás de su sonrisa
y el reloj, insensato, no me dejó encontrarla.
Una mañana, la taza de café me sugirió una historia
y la vorágine de las obligaciones la sumergió en el olvido.
Esta noche, por fin, gracias a su voz, su piel y sus labios,
me siento victorioso ante el cansancio, el tiempo y los imprevistos.
Y solo puedo decir, sin rimas ni adjetivos ni olvidos,
que la ilusión que siento a su lado es solo comparable al vuelo de un canario entre gorriones...