Aprenderé a llevar el paraguas los días de sol, a subir a las palmeras para ofrecerte sus frutos.
Corregiré mis senderos si no van a tu puerto, mantendré toda mi fe que ahora habita en mi pecho.
Iré lejos de todo, para buscarte sosiego; te acariciaré con palabras de invierno mientras mis manos no lleguen.
Cambiaré mis pasos nocturnos aunque mi corazón proteste.
Ocuparé los lugares que me pidan tus ojos y en silencio esperaré que el silencio despierte...