Largo, muy largo el camino.
El calor es sofocante y el desierto no da respiro.
El ansiado oasis se hace esperar.
El agua es salada.
La arena ardiente.
El paisaje excesivamente caprichoso.
Y las cantimploras de los camellos solo contienen vinagre.
Se ha hecho de noche. Una estrella fugaz ha surcado el cielo y ha parecido que lo haya hecho solo para mí.
Entonces he cerrado los ojos.
Y la imagen de tu rostro ha aparecido en el horizonte y ha aliviado mis ojos cansados de llorar, ha curado mis pies doloridos de tanto caminar y ha calmado mi alma ávida de estar cerca de la tuya.
Mientras dure el camino, cerraré cada noche los ojos, para encontrarte en ese horizonte, cada vez más cercano...