martes, 5 de febrero de 2013

El viaje de Tristán II

Tristán ya había hecho aquel recorrido en su barco muchas otras veces. Le gustaba navegar y parar a menudo en aquella isla, en la que se sentía muy a gusto. Su playa, su arena, el agua azul de aquel lugar eran para él como un bálsamo que le daba el entusiasmo necesario para que los días entre semana fuesen pasando y poder llegar a los fines de semana emocionalmente vivo.

Sin embargo, aunque conocía la isla como la palma de su mano, todavía no había tenido la ocasión de vivir el gran momento de la puesta de Sol entre los arrecifes.

El gran día había llegado y él estaba ya en la isla. Eran las doce del mediodía y ya estaba sentado en el lugar exacto desde el cual la belleza del momento sería mayor. Más personas fueron llegando poco a poco, a lo largo de la tarde, para no perderse ese espectáculo tan especial. Tristán hubiese preferido estar solo, o con muy poca gente, pero entendía que de la misma manera que él quería asistir a aquel espectáculo de la naturaleza, hubiese otras personas que también lo deseasen.

De repente, cuando apenas faltaba una hora para que el Sol comenzase a introducirse en el pasillo formado por los dos arrecifes, ocurrió algo que Tristán no olvidaría en toda su vida....