Certezas y Rubores
lunes, 20 de agosto de 2012
Toda la sal del mar
Nunca imaginó aquel hombre enamorado que toda la sal del mar fuese poca para sazonar el mejor manjar jamás ofrecido, para saborear el amor en su boca, el deseo en su cuerpo, el delirio en sus labios abiertos...
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