miércoles, 16 de mayo de 2012

La hoja I

Iba corriendo, cogiendo las hojas caídas. Le gustaba mucho coger las más bonitas, bien para guardarlas y pintarlas de colores, bien para colocarlas dentro de algún libro, bien para regalarlas... Cuando recogía alguna un poco más deteriorada o sucia, su madre la convencía para dejarla en el suelo.

Aquella mañana de marzo, mientras caminaba a su derecha, tuve la suerte de ser el destinatario de una hoja muy especial. Era verde, en numerosos tonos diversos, mientras que el amarillo y el ocre se combinaban de forma aparentemente caótica en los extremos. Una pequeña hendidura cerca de la punta daba a pensar algún episodio que la hoja no podía olvidar...