jueves, 19 de abril de 2012

El profeta

Hubo una vez, en un reino lejano, un profeta, que solo era capaz de vaticinar las cosas buenas. 
En cierta ocasión, pudo ver que estaban por llegar días maravillosos para alguien que lo merecía.
No se equivocó. Aquellos bellos días llegaron. 

Tras ese éxito, quizá poco esperado y menos comprendido, el profeta ya nunca volvió a hacer predicciones, porque a veces, las predicciones se confunden con los deseos.
Se dio media vuelta, recogió una hoja amarilla del suelo, y sin reprimir una lágrima que hizo su aparición como a traición, se encerró en su morada para disfrutar en soledad y a su manera, esos bellos días que estaban por venir.