A veces una pequeña febrícula y una manta cálida sobre el cuerpo son necesarias para que la mente elija sin error los tres deseos que le pediría al Genio de la lámpara:
1) Mi vida a tu lado.
2) Volver a contar los Tres Cerditos en francés.
3) Mirarme en el espejo y seguir reconociéndome.