martes, 24 de abril de 2012

De vez en cuando...

Más que un hombre hecho y derecho parecía un espacio ocupado por un barril de sentimientos, por una esponja mojada en el fervor de su amada, por algo tan blando como los cojines de su sofá.

Sus ojos ofrecían un aspecto cansado y melancólico donde la felicidad bailaba con la serenidad de las noches de invierno.

Más que como un hombre hecho y derecho, él respiraba  por los costados y por las yemas de sus dedos. 

Su corazón era ese colchón mullido y firme al mismo tiempo, donde había espacio para que otros corazones semejantes reposasen. Como esa hoja donde las larvas y los insectos se cobijan durante horas, como el estuche aterciopelado donde se guarda una joya.

Al atardecer, se miró al espejo y lloró. No sabía por qué lloraba. Así era de vez en cuando, desde que ocupaba un barril de sentimientos, desde que sus ojos bailaban, desde que respiraba por las yemas de los dedos, desde que su corazón daba cobijo a otro corazón como el suyo...