Le desalienta, a veces, sentir tantas necesidades. Intenta suplirlas, ignorarlas, pero al poco, aparecen de nuevo con mayor fuerza.
Le desalienta porque en cierto modo parece una forma de inmadurez. Como de ser un niño grande.
Pero ha de aprender a convivir con ellas, porque cuando se colman, el momento es sublime.
Es propenso a ver señales en cada gesto, en cada momento, en cada fecha. Y aunque todo esto no deja de ser el relleno de un paquete de regalo, para él tiene tanto valor como el regalo mismo.
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