Cuenta la leyenda que hubo una vez un ladrón de tiempo. Robaba minutos y segundos a los relojes, días a los calendarios, todo ello presa de un gran deseo de acumular tiempo.
Un día, una maga del lugar le hizo comprender que no debía robar lo que ya tenía. Que el tiempo ya era suyo y que no hacía falta andar arañando minutos, porque en realidad ya poseía el tiempo del resto de su vida.
Y se dice que desde aquel día, el ladrón de tiempo ya no sólo no roba nada, sino que comparte y regala su tiempo sin nervios, sin ansiedad, feliz de saber que es dueño de todos los minutos que le quedan por vivir...
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