Ser como el barco ebrio de Rimbaud.
Un barco sin control, que va a la deriva, sin timón ni voluntad, que navega dirigido por las fuerzas externas.
En ocasiones los vientos y mareas le conducen a bellas costas tropicales donde los aromas y sabores son embriagadores, y otras veces se ve envuelto en horribles tormentas que lo hacen zozobrar o encallarse en duros arrecifes. Y todo es lo mismo. Porque solo cuando pretende coger el control y enderezar el timón, es cuando naufraga.... Si quieres que naufrague, dale un mar...
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