Subió definitivamente a un solo tren, sin maleta ni billete de vuelta.
Con los dientes cortó el hilo que le unía a su antiguo colchón.
Dejó para ayer lo que tenía que hacer mañana.
Desoyó a todos sus protectores.
Ignoró la visita del vértigo y cruzó la cuerda floja sin red.
Y una vez en la intemperie dejó su paraguas en una esquina cualquiera.
Y cuando despertó, vio dentro de una maleta en forma de cofre el chaleco salvavidas, los billetes de varios trenes que estaban por pasar, el cabo de un hilo que conducía a su propio colchón, una caja de pastillas contra el vértigo, una red de trapecista y un paraguas todavía húmedo...
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