Con un aire de tango viaja sobre los tejados de una ciudad en calma.
De repente, cargada de una levedad que ahuyenta a las antenas, se precipita sobre las aceras, ya secas después de la última lluvia.
Y en silencio, para no despertar a los dormidos ni molestar a los despiertos, se acurruca en su propio olvido.
que bello parrafo, muchas gracias por compartirlo. un besin de esta asturiana.
ResponderEliminarHermoso relato el que nos obsequias hoy.
ResponderEliminarUn besico y buen finde
En pocas palabras
ResponderEliminarexpresas una bella prosa poética.
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